Iniciación sexta

Iniciación sexta

No dejemos para mañana las energías potenciales que todos acogemos en nosotros,  las que se esconden en nuestro cuerpo físico, las que se esconden en nuestra mente, las que se esconden en nuestro corazón.

No es una creencia sino una evidencia que todos estamos en todos y si no todas las experiencias que hemos vivido y compartido con los Seres más próximos, no son sino una evidencia de esta común unión. Compartimos pensamientos y emociones, incluso de forma inconsciente, estamos hechos de la misma materia, de la misma energía que se manifiesta de forma distinta en cada uno de nosotros, pero en origen somos uno.

Es importante en este tiempo en que hay tanto movimiento de pensamientos y de emociones en nuestro entorno que tengamos una consciencia clara de aquello que realmente nos pertenece como Ser singular, para poder hacer una mejor gestión de todo lo que acontece.

Es importante pues, que estemos atentos a todo lo que se activa en nuestro interior y, desde esta percepción y conocimiento, tener claridad para acoger aquello que realmente nos pertenece.

Respiremos ahora, aquí, como unidad en esta energía limpia que nos llega y sintamos el bienestar que proporciona a nuestro cuerpo físico,  a nuestra mente y a nuestro corazón. Pero al mismo tiempo todos integramos esta energía en forma distinta y en la medida justa para nuestro bienestar.

Todos estamos en todos, pero también todos somos únicos y esta singularidad es la que enriquece esta energía primera, esta energía original de la que todos hemos sido creados. Dejemos que esta energía se aposente en cada uno de nosotros, en los rincones donde más se necesita. Dejemos que esta energía ordene nuestra mente y llene nuestro corazón de esta energía amorosa y así, poco a poco, entramos en otro modo de percepción, en el que podemos sentir que formamos un solo cuerpo, con una respiración acompasada, síncrona.

Cada uno de nosotros es como una gota de esta fuente original que se manifiesta a cada instante. Gotas que unidas crean riachuelos, ríos, mares y océanos, y cuando sentimos que formamos parte de ellos, es difícil reconocernos. Solo cuando nos percibimos como una gota de toda esta inmensidad, podemos reconocernos.

Esta necesidad de evolucionar nos propicia las distintas experiencias, etapas evolutivas, vidas Inter-dimensionales y otras múltiples definiciones que aún están por conocer. Permitamos expresar todo este potencial infinito que hay en nosotros para enriquecer la creación.

No dejemos para mañana las energías potenciales que todos acogemos en nosotros,  las que se esconden en nuestro cuerpo físico, las que se esconden en nuestra mente, las que se esconden en nuestro corazón.

Aprovechemos este sentir de la energía, esta energía fresca, nueva y limpia que nos llega, para movilizar todas esas energías, experimentarnos y evolucionar,  así facilitamos la evolución de la vida. Si no, si nos resistimos, impedimos, si nos cerramos entonces facilitamos que exista la revolución, la revolución conlleva reaccionar y las reacciones nos llevan a la desmesura.

Respiremos en esta energía para reconocernos, para reconocer esta energía potencial que todos alojamos, para movilizarla y manifestarla en el exterior. Toda manifestación nos acerca, más y más, al creador, a esta energía original primera, a esta energía amorosa.

Seamos el agua de vida para todos, cuando una gota de agua se vivífica, se vivifica el riachuelo, el rio, el mar, el océano. Vivificar significa movimiento, movilizar, manifestar, mostrar… No nos ocultemos más de nosotros mismos, dejémonos iluminar por nuestra propia Luz, la única que disuelve la sombra, la Luz que nace del interior e ilumina el exterior.

Movilizar las energías potenciales que todos albergamos significa sentir, significa pensar, significa hablar, significa accionar desde este lugar de Luz. Todas estas energías potenciales son la Nada y al mismo tiempo el Todo, cuando se movilizan y se manifiestan.

Aprovechemos esta unidad que hay entre todos los aquí presentes y el resto de la humanidad y el resto de Seres que habitan la Tierra y la propia Tierra para sentirnos, para abrazarnos, para amarnos. Así desde esta unidad, desde esta común herencia podemos comprender la alegría y la tristeza, la rabia y el Amor, la fuerza y el desánimo que hay en cada uno de nosotros y que se alterna gracias al movimiento,   porque todos sentimos lo de todos en algún momento.

Así si tu creces, yo crezco en ti. Si tú te sanas, yo me sano en ti. Si tú te amas, yo me amo en ti. Respiremos en esta energía, en una única respiración, inspirando toda la Luz y el Amor que conlleva y exhalándola para ser compartida. Compartimos Luz. Compartimos Amor. Simplemente somos el instrumento a través el cual esta energía fluye, esta energía mantiene el movimiento. Movimiento que es vida, la vida expandida al Todo. La vida contraída a la Nada. Cuando al exhalar me vacío, siento la Nada en mí y retengo por unos segundos este vacío para sentirlo, y luego el mismo movimiento me inspira para expandirme y llenarme plenamente. Soy el Todo y la Nada y así, me reconozco.

Somos Amor y Luz, esa es nuestra común herencia, la que nos hace a todos iguales pero también singulares, al mismo tiempo. Sintámonos agradecidos por Ser y estar aquí y ahora.

con Amor y Luz- 21-03-2025

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